No me canso de decirlo, este año ha sido el año de las cosas que hice por primera vez, viajé ,adelgacé etc etc y fui a un bufet. Así es, nunca había ido a uno y este año, ya van 5 veces las que he comido hasta decir "basta, ya no entra nada más". Aunque con la dieta que hice este año, puedo decir que he balanceado de alguna forma la comida, pero hay algo que me llama la atención y no es específicamente lo bueno de las comidas, pues es la mentalidad que tengo al momento de la comelona. Si no como mucho, pierdo. Como si de un concurso se tratara, si coges menos estás desperdiciando la oportunidad de la vida y pues, recurres a indebidas acciones, una anécdota en Cuzco, me permite mencionar que guardé pedazos del postre en una envoltura de galletas que tenía en el bolso, sí, qué vergüenza me da decirlo, mi excusa en el momento era " estoy con personas de confianza, a parte, me duele pagar 30 soles por esto, así que me lo llevo" -ok- golpéenme.
Hoy estaba en un bufet pagado totalmente por el trabajo, soy la nueva en la empresa y no estaba con personas de confianza, pues debía comportarme. Admito que me piqué por haber cogido la carne más pequeña del lechón más perfecto de la vida, así que en mi segunda ronda, agarre una piernita crocante, era perfecta. No hice mezclas abusivas como aquellas cuatro veces, pero no pude contenerme a los postres compuestos por picarones y mazamorra. Agradecida estoy por tal invitación, pero acá viene mi pequeña teoría, somos mal educados. Una señora muy amable se llevó presas de lechón en su bolso, cogió el que yo dejé, y quería más tamales. Debemos educarnos y comportarnos, no soy la digna para hablar de esto, pero hoy vi lo feo que se ve. Espero controlarme a la sexta vez, y así hablar con mayor razón. Repito, fue el lechón perfecto, pero no lo lleves a tu casa, parfavar.
domingo, 1 de noviembre de 2015
La comelona maleada.
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